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ORACIONES PADRE GRAS

 

PETICIÓN


59. Oración al Corazón de Jesús

Corazón de Jesús, Sol de infinito resplandor,      
ilumínanos en todas las oscuridades,           
fortalécenos en la lucha,
únenos a los que te invocamos
como baluarte de salvación,
para que fieles a tus inspiraciones
y animados del deseo de tu gloria,
atraigamos innumerables almas
a tu adoración en la tierra,
que te adoren eternarnente en el cielo.

60. A Cristo, Sol sin ocaso

Haz, Soberano Maestro,
que no nos ciegue la falsa ciencia del mundo;
que vean tu luz verdadera
todos los hombres, familias y pueblos                  
cegados por la soberbia.
Irradia, Sol sin ocaso,
tu resplandor sobre las almas,
para que, libres de las tinieblas
y falsas apariencias de la ciencia vana,
adelantemos cada día
en la sabiduría de la fe,
de la esperanza y de la caridad,
hasta penetrar en el océano de luz
que forma la ciencia
de tu infinita soberanía.

61. Envíanos apóstoles

Sol de los ángeles y de las almas,
ilumina y une los entendimientos
oscurecidos por las tinieblas de la soberbia.
Vencedor del infierno,
encadena el odio, preserva la inocencia
y envíanos gigantes de luz
que prendan fuego en los corazones
y los atraigan a tu Sacramento,
para que sea adorado por innumerables coros
en toda la tierra.

62. Para pedir la unión

Soberana Luz,
Soberano Bien,
Soberana Caridad,
ilumínanos,
únenos en abrazo fraternal
a todos tus redimidos
y aliéntanos
para hacerte reinar sobre la sociedad,               
salvándola y salvándonos.

63. Ilumínanos

Rey de reyes
y Señor de los señores, Jesucristo,
Hijo de Dios
y de la Inmaculada Virgen María,
Luz verdadera
que ilumina a todo el que viene a este mundo.
llumínanos y enriquécenos
con los tesoros de tu gracia,
no sólo para hermosear
las almas de las niñas  y jóvenes,
sino para hacer sentir
los efectos de tu Soberanía de bien universal
en toda la tierra.

64. A la Soberanía de Jesucristo

Omnipotente Rey y Padre
haz brillar a nuestros ojos
las maravillas de tu amor.
A las seducciones del mundo,
opón los esplendores de tu santidad infinita,   
para que rodeados por tu gracia,
logremos, no sólo resistir al infierno,
sino afianzar en nosotros
y dilatar en todas las naciones
tu salvadora y resucitadora Soberanía.

65. Para pedir espíritu de apostolado

Señor, Dios nuestro,
que sacaste de la nada todas las criaturas;
por quien fueron formados
el hombre, la familia, los pueblos y naciones.
¿Hasta cuándo permitirás
que sea desconocida tu Soberanía?
¿Hasta cuándo reinarán las tinieblas
que impidan ver la luz y la gloria
de tu universal reinado?
Cura la ceguera de tantas almas
que no ven el deber que tienen
de reunir innumerables coros de adoradores
alrededor de tu Sacramento,
que te acepten como Rey
en todas las esferas de la sociedad.
Enciéndenos en celo
para que no dejemos de demostrar
tu derecho a ser amado, adorado, bendecido.
Rey de inefable luz,
Padre de incomparable poder,
fortalécenos,
infúndenos espíritu de apostolado,
para atraer a tu adoración,
que es el principio de la eterna vida,
a las almas y a los pueblos.

66. Oídnos, Rey amantísimo

Rey de virtud infinita,
tu amor es más poderoso que todos los odios.
Amor Omnipotente,
Amor vencedor de la soberbia,
de la hipocresía, de la crueldad,
Amor infinito.
Sostén a todos los que luchamos
por el triunfo de tu Soberanía.
Manda apóstoles
que promuevan tu dulcísimo triunfo
frente a los odios y crímenes del mundo.
OH AMOR DE AMOR.

67. Para pedir apóstoles

Oh Jesús,
envíanos almas
que entiendan
que todas las cosas son tuyas
como Creador,
como Redentor
y como Soberano,
conservador del universo.

68. Peticiones

Señor,
disipa las tinieblas
de todos los ojos
que no ven tu luz,
y apaga las llamas que impiden
la fraternidad de los corazones.

69. Al Corazón de más amor

Tú eres la luz del mundo,
la gloria de las almas,
la dulzura de los corazones.
Tú eres EL BIEN,
el honor y el valor invencible
de todos los que en tu nombre combaten.
Tú eres EL CENTRO
hacia el que converge todo lo creado,
el imán que atrae
todos los nobles pensamientos.
CORAZON DE Ml REY Y DE Ml DIOS,
oye la súplica de nuestra esperanza,
en medio de nuestro dolor,
y concédenos la gracia
de resistir firmes los ataques del infierno
y alcanzar el premio de tu Reino.

70. Al Corazón del Rey del cielo

Nuestro corazón te ha hecho traición a ti,   
Corazón del Rey del cielo.
El amor a la materia
ha sido antepuesto a ti,
Imán sagrado de las almas,
a ti, vivífico y santificante Sol.
Apiádate de nuestra ceguera,
rompe  nuestra dureza,
infúndenos desprecio
de todas las falsedades y de la soberbia,
derrite el hielo
que ha inmovilizado nuestras almas
y, alejando de nosotros todo lo que nos divide,             
nos acercaremos,
nos uniremos
y seremos en ti, crisol de amor divino,
un solo corazón.

71. Al Vencedor del mundo

Vencedor del mundo,
creo y espero
en tu indefectible victoria.
Acrecienta nuestra fe y nuestra esperanza,
y acrisola
el amor que te debemos.

72. Petición

Oh Jesús,
danos copiosa lluvia
de lágrimas de arrepentimiento
y celo incontrastable,
para encender en amor tuyo
los corazones helados...

73. Invocación

Padre de inmensa majestad,
invocamos tu infinito poder;
Verbo humanado,
invocamos tu amor más fuerte que la muerte;           
Espíritu Consolador,
invocamos tu asistencia continua.
Imploramos también tu clemencia,
Reina de cielos y tierra;
vuestra adoración, serafines;
vuestra sabiduría, querubines;
vuestra fe, Patriarcas;
vuestro celo, santos Profetas;
vuestro ardor, santos Apóstoles;
vuestra firmeza, santos mártires;
vuestras victorias, santos y santas
coronados por nuestro Rey de amor infinito.

74. Al Rey del bien

Rey del bien,
de la santidad
y de la hermosura inmortal.
Dios bajado del cielo
para convertir la tierra
en atrio del Paraíso.
Jesús, nuestro Padre,
nuestro Soberano, nuestro Libertador
y nuestra Hostia
que quitas los pecados del mundo.
Envíanos celosos apóstoles para que,
cubriendo de coros de adoración
todas las naciones,
sea la tierra
un santuario maravilloso de tu Soberanía.

75. Fiat voluntas tua

Vencedor de todos los desfallecimientos,   
angustias y miedos,
Ponme como un sello sobre tu corazón,
como un sello sobre tu brazo,
para que,
unido inseparablemente a tu voluntad,
ahuyente mis desalientos
y venza la muerte
viviendo tu vida.

76. Para pedir espíritu apostólico

Rey celestial y Redentor nuestro,
envíanos santos para iluminar nuestro espíritu,              
animar nuestro corazón,
de modo que, encendidos en celo de tu gloria,             
no cesemos de testimoniar
el deseo que tenemos de que sea aceptada
en toda la tierra tu Soberanía.
Transfórmanos
en activos propagadores de la fe,
la esperanza, la caridad;
en defensores de la autoridad de tu Iglesia.
Concédenos vivir enteramente en ti, ocuparnos sólo en ti
y que no nos propongamos
en todos nuestros pensamientos,
palabras y obras, otra cosa
que afianzar tu reinado
en nuestro corazón.

77. Al Real Sacramento de Jesús

Divino Rey,
fortalécenos
y concédenos la gracia de ver
alrededor de tu Sacramento eucarístico       
innumerables espíritus
que alternen con los coros del cielo.

78. A la Real Majestad de Cristo

Rey de humildad infinita,
de gloria inmensa,
de dulzura inagotable,
de paciencia incomprensible,
de inefable amor,
bendecido, alabado, adorado seas siempre.
Luz indeficiente,
Tú solo puedes disipar las tinieblas
que ciegan los entendimientos
de los que te miran y no te conocen.
Caridad sustancial,
Tú solo puedes comunicar calor de vida
a los corazones
que dicen que te aman y están yertos.
A ti eleva mi alma una súplica
ante la inconstancia, la disipación
y el desamor de los hombres
en los que pusiste el sello de luz de tu imagen   
y que, soberbios,
se niegan a reconocerte como su Creador,
Redentor y sumo BIEN.
Muestra tu misericordia,
Señor Dios, Padre y Rey,
con todos los que aclamamos
tu realeza gloriosa.

79. Clamor

Luz de las almas y de los pueblos,
disipa nuestras tinieblas.
Alegría de los cielos,
oye el clamor de los afligidos.
Vencedor del mundo y del infierno,
conforta nuestra flaqueza.
Consolador celestial,
acalla nuestro gemido.
Manda ya legiones de santos
que iluminen nuestro corazón
y hagan resplandecer la tierra
con tu misericordia.
Clemente,
todopoderoso,
Salvador dulcísimo.

80. Corazón divino

Corazón de mi Rey y Redentor,
ven, abismo de misericordia,
a llenar mi corazón de fortaleza
y a coronar a todos los que,
en medio de tantas traiciones,
no prevarican.

81. Al Corazón de Jesús Rey

Corazón Omnipotente,
conforta a tus soldados
de modo que,
alentados por tu infinito amor,              
combatamos en el estadio
de esta mortal vida,
hasta conseguir,
al fin de la batalla,
la corona inmortal.

82. Plegaria

Corazón de Jesús,
Te rogamos
que animes incesantemente nuestro corazón       
para que,
libre de toda influencia de pecado,          
merezca ser para ti
un trono digno aquí en la tierra
y tu adorador sin fin en el cielo.

83. Peticiones

Derrama,
Corazón dulcísimo,
los tesoros de tu santidad infinita
sobre las almas
que se consagran a glorificarte,
y haz que se aumente su número,
para hacerte reinar
sobre los corazones de tus redimidos.

84. Salvadnos, divino Corazón

Corazón de Jesús,
ante los malos ejemplos que se dan
a la inocencia, a la familia y a los pueblos,
Tú eres el único que puede salvarnos.
A ti acudimos pidiendo misericordia.
SOL DE DIVINA LUZ,
Tú solo puedes disipar todas las tinieblas.
Celeste sagrario de amor,
Tú solo puedes confundir todos los odios.        
OCEANO DE INFINITO BIEN,
Tú solo puedes inundarnos
de felicidad temporal y eterna.
No mires nuestros pecados
ni nuestra ingratitud,
sino para comunicarnos
el más vivo arrepentimiento.
Sálvanos,
Todopoderoso y hermoso CORAZÓN.

85. Para pedir amor

Por tu Corazón abierto,
te suplico, Señor,
que traspases mi corazón
con las flechas de tu amor,
para que no contenga nada terrestre
y esté todo él
envuelto y penetrado
por tu acción divina.

86. Para obtener celo

Divino Corazón,
luz, vida y hermosura
de todos los corazones cristianos.
Sol sin ocaso,
dígnate inflamar el mío
con el fuego de tu caridad
y haz que el mundo entero
se encienda en celo de tu honor.

87. Al Bienhechor universal

Rey divino,
dador de todos los bienes y de ti mismo;
Vida de mi vida,
luz inmortal de mi alma y de todas las almas;
Libertador de todos los oprimidos,       
desvanecedor de todos los odios, aliéntanos, fortaleciendo a los débiles,   
penetrando con el fuego de tu amor
a tantos hermanos nuestros
que se muestran fríos.
Únenos inseparablemente a tu Corazón,
para que, disipados todos los errores,      
apagadas todas las llamas de desunión
y abrazados fraternalmente
todos los corazones,
te ofrezcamos el homenaje de adoración
que te mereces.

88. Oración

Redentor mío, Padre de misericordia,
mira las tinieblas que me envuelven.
A ti acudo para que las disipes,
para que me ilumines
con el resplandor de tu gracia.
Te pido que guardes íntegro en mi corazón
el depósito de la fe;
que nunca me muestre indiferente.
Te pido también la gracia de que
entre los que te ignoran, te enseñe;
entre los que te olvidan, te recuerde;
entre los que duermen, siempre vele.
Señor, Tú que has dicho
que no reconocerías ante tu Padre
al que se avergonzase
de confesarte en la tierra,
infúndenos cada día
más fuerza para creer
y practicar tu doctrina
y merecer, al fin de nuestra vida,
la corona de fidelidad
prometida a los perseverantes.

89. Homenaje diario a Cristo

Rey de reyes,
dígnate cubrir mi alma
y la de todos los que te adoran,
con tu armadura de luz,
para que nunca
se oscurezca en nosotros
el eterno esplendor de tu Soberanía.

90. Óyenos...

Por el amor
con que creaste Inmaculada a tu Madre,
Madre también y Reina nuestra, concédenos,
Jesús, la gracia
de servirte con fidelidad perpetua
y hacer sentir sobre las almas
el amor de tu Soberanía.
LUZ Y ALEGRIA de los cielos,
óyenos...

91. Envíanos tu luz

Rey omnipotente,
vida, salud, fortaleza nuestra;
envíanos tu divina luz,
que disipe
las tinieblas de nuestro entendimiento;
enséñanos la verdad
y no permitas que seamos presa del error.

92. Únenos

Cristo,
Vencedor del mundo y del infierno,
destruye la desunión
y la discordia
de los que nos llamamos 
y queremos ser
tus discípulos.

93. Único refugio de Salvación

Corazón de Jesús,
en medio de la oscuridad que cubre el mundo,
a ti acudimos
como a nuestro único refugio de salvación.        
Mira con misericordia
la situación de nuestras almas
y la profunda miseria de nuestro corazón
que está ciego, sordo, enfermo;
de nuestro corazón que muere helado,
si Tú, Vida divina,
no le comunicas una  centella de fuego
que lo reanime
y así, pueda animar
el corazón de todos los cristianos
a trabajar por el triunfo de tu amor.

94. A Cristo, nuestro Bien

Jesucristo, Bien nuestro,
puesto que te uniste a nuestra naturaleza
para redimirnos
e incorporarnos a tu divina persona,
como cabeza
o Pontífice eterno que eres de la Iglesia,
infúndenos tal espíritu de caridad que,
formando un solo corazón y una sola alma,
concurramos todos los católicos
a restablecer en la tierra tu Soberanía.
Envíanos, Señor, espíritus apostólicos
que nos animen a trabajar por tu Reino
y,  siendo Tú nuestro Rey
en las luchas del tiempo,
concédenos pertenecer un día
a la familia de los elegidos
que forman tu Corte en el cielo.

95. Para pedir fortaleza

Rey de majestad y gloria immensa,
Dios de infinita sabiduría
Omnipotencia y Amor.
Vida de mi vida,
Luz inextinguible de mi alma,
Jesucristo resucitado de entre los muertos,
dígnate darnos valor invencible
a todos los que defendemos tus derechos,
para que no desmayemos
en nuestra lucha.

96. Contemplación

Como Pedro en el Tabor,
quisiera levantar una tienda
desde donde pudiera gozar a todas horas
de la presencia
y de la beneficencia de tu amor.

97. Anhelo

Ponme, oh Jesús,
como un sello
sobre tu Corazón;
como un sello
sobre tu brazo,
a fin de que
no ame ni emprenda cosa alguna
que no sea para complacerte.

98. Presencia de Dios

Muéstrame el resplandor de tu rostro,
Jesús mío,
erige en mi entendimiento un trono de luz
en el que, sentado Tú
como un Sol de inextinguible hermosura,
ahuyentes siempre
todas las sombras y figuras
que quieran interceptar a mi alma
tu presencia divina.

99. Deseos

No te pido,
BIENHECHOR generosísimo,
otra dicha
que la de seguir combatiendo
todo el tiempo que te plazca
y que el último combate de mi vida
termine con el grito de eterna victoria
Cristo reina.

100. Fortalece nuestra esperanza

Jesucristo, astro glorioso de redención,
Salvador suspirado por todas las naciones.
Mira, Señor,
cuántos peligros intentan  separar
nuestro corazón del tuyo;
nuestra esperanza, de tu palabra.
No queremos esperar
en el dinero que esclaviza,
en los placeres de los sentidos
que pasan como llama,
en los honores del mundo.
Sólo queremos esperar en ti,
Bien inefable,
Gozo perfecto,
Santidad infinita,
y merecer adorarte y bendecirte eternamente.

101. Acto de sumisión a Jesucristo

Dad, Señor, serenidad inalterable a mi mirada,  
para diferenciar lo que es verdad vuestra,              
de lo que es error mío;
pobres ilusiones de mi enferma fantasía,
de lo que es visión real y evidencia gloriosa.
Pido a tu Corazón
que vele incesantemente
por los movimientos del mío,
para que sólo ame
tu imagen en las almas,
tu virtud en sus obras.
No permitas que la tierra me cautive
ni que la adulación me adormezca.
quiero que sólo Tú seas
a todas horas y siempre mi único Bien.

102. Amor a la Cruz

Te pido, Señor,
la gracia
de amar por ti
todos los trabajos y cruces
que me envíes.
Nunca podré amarte tanto
como Tú me has amado a mí.

103. Inflámanos en tu amor

Oh Dios que, movido por tu infinito amor,   
quisiste tomar nuestra naturaleza
para destruir el pecado;
por los méritos de tu pasión y muerte,
por los de tu Madre Inmaculada,
por los de todos los santos, concédenos serte fieles
en todos los momentos de la vida.
Queremos confesarte y hacerte confesar,         
bendecirte y hacerte bendecir,
adorarte y hacerte adorar
por todos los hombres.
Queremos defender tu divinidad
en todas partes.
Rompe el hie!o de nuestro pecho,
disipa la indiferencia que mostramos
en aceptar y hacer aceptar tu Soberanía.
Inflámanos con el fuego de tu amor;
haz que alcancemos
al fin de nuestra carrera
la luz indeficiente de tu gloria

104. Por las necesidades de la Iglesia

Te rogamos, Señor,
por las necesidades de tu Inmaculada Esposa,           
la Iglesia.
Derrama sobre ella tu clemencia;
dale fortaleza en la lucha,
atiende a sus trabajos.
Perdona nuestras culpas y danos,
junto con el don de una buena voluntad,
el fruto de la paz
que en el Nacimiento del Señor, anunciaron a los hombres
los coros de los ángeles.

105. Fortalece mi amor

Haz, Redentor mío,
que mi amor sea fuerte como la muerte,
para que no desfallezca
ante ninguna asechanza
ni de los amores
ni de los dolores de la tierra.

106. Consagración

Habla, Señor,
al corazón que ansía tu palabra
y hazme la gracia
de ser dócil a tus inspiraciones
y de cumplir fielmente
todos mis deberes
para contigo
y para con los demás.

107. Rey Jesús

Rey Jesús,
Padre clementísimo,
no permitas
que ninguno de los que adoramos tu majestad       
en el Sacramento Eucarístico
y confesamos y defendemos tu soberanía
seamos nunca víctimas del enemigo.
Protégenos en todos los combates,
afiánzanos en la fidelidad que te debemos,
auméntanos el valor y el amor todos los días  
para que, vencedores por tu gracia,
viviendo y reinando Tú solo en nosotros,         
vivamos y reinemos contigo
en los siglos de los siglos

108. Para pedir humildad

Divino Rey Jesús
que al entrar en el mundo
te manifestaste a todas las naciones
como el más pobre y humilde de los nacidos,
dígnate manifestarte también
a todos los que adoramos
tu sabiduría y amor,
para que, disipada nuestra soberbia,
podamos vivir penetrados de la virtud
por la que nos elevas
a la luz de tu reino eterno.

109. Ven, Señor

Padre y Rey omnipotente, Jesús,
por el amor que te movió a hacerte hombre       
elevando nuestra naturaleza
a la unión con tu persona divina,
concédenos la gracia de conocer y sentir,
y de hacer conocer y sentir
la dulzura de amarte,
la nobleza de servirte,
la gloria de adorarte.
Ven, Señor,
disipa las tinieblas de odio y muerte
que se extienden sobre el mundo,
para que, iluminados por la luz de tu Corazón,         
vivamos cada día
más íntimamente unidos
en tu adoración y servicio
y los pueblos te rindan
sus homenajes de fidelidad.

110. Al Obrero divino

Obrero divino
que trabajas
para vencer mi ociosidad y pereza,
por este ejemplo de abnegación te adoro,
y te pido me concedas la gracia
de vencer toda apatía
en el cumplimiento de mis obligaciones           
para trabajar más cada día
en la defensa de tu Soberanía de salvación.

111. A Cristo, Centro de Bien infinito

Levántate ya, divino amigo;
levántate, vencedor generoso;
vuela, Corazón celestial,
vuela a romper las cadenas que  me oprimen
y a curar las heridas que me matan.
Ábreme un refugio sagrado en Ti,
CENTRO DE BIEN infinito.

112. Al Redentor

Clementísimo Padre,
Rey y Redentor nuestro,
que tu preciosa sangre
sea bálsamo de infinita virtud;
que tu omnipotente Corazón,
nos cubra como escudo
que nos haga invulnerables.
No permitas, Señor,
que tu enemigo consiga
arrebatarte ninguno
de los que invocamos y adoramos
tu Soberanía.

 

 

 

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